Historia

Historias de la Pamplona antigua

Una a una fue haciendo su aparición, unas por necesidad y otras por los caprichos de la riqueza que por aquellos lejanos días invadieron la ciudad. La primera de ellas era una pequeña capilla con techo de paja, piso y paredes toscas, rudimentaria y de pocas alhajas o altares, impropio de la naciente cristiandad; en ella se realiza el primer culto de la ciudad siendo celebrado el mismo día que es fundado el territorio, presidida por el licenciado Alonso Velasco, capellán de la expedición colonizadora y primer cura y vicario de Pamplona. La Ermita de la Nieves era una obra justa y necesaria por la falta de iglesia que presentaba el valle, aseguró el Cabildo de la villa.

Aun así ni el cura ni los feligreses pamploneses estaban contentos con la modesta capilla que ya quedaba pequeña para la creciente población, quienes además argumentaba que el territorio merecía una iglesia digna de los dinerales – provenientes de las minas de oro – y fama de la provincia, solicitándola de piedra y ladrillo. El templo parroquial es edificado en la esquina oriental de la plaza principal, contando con un cañón central y dos naves laterales y la capilla de San Pedro hacía el lado derecho al entrar, además una ronda adornada con retablo mayor de tres cuerpos y un campanario, fue decorada con ocho imágenes de bulto y siete cuadros de diversos santos. Llegó a contar con diez altares de madera sobredorada.

En 1555 Antonio Ruiz, fray fundador del convento de Santafé y del de Popayán cinco y tres años antes respectivamente, funda una casa dominicana a su llegar a Pamplona, solicitando al cabildo de la ciudad y a la Real Audiencia, años más tarde, proseguir la fundación con el fin de la conversión de los naturales bajo la jurisdicción de Santo Domingo; acogida la petición por la Real Audiencia ordena al padre Andrés de Santo Thomas fundar el convento. Se reconoce que para el año de 1582 se construía la iglesia del convento que, una vez fundado se emprende en la difusión de evangelización entre los indígenas, tal como en su misión lo proponían: Valle de Cámara (Silos), Valle de los Locos (Labateca), Río Chicamocha, Valle de Chinácota y el actual Estado de Táchira – Venezuela, fueron algunos de los territorios acaparados.

Asimismo, otra de las iglesias que se edificó se da como consecuencia natural por la estructuración del Convento de Santa Clara, quien es propuesto e impulsado por la familia del fundador Ortún Velasco de Velásquez y puesto en obra hacia el año 1582 bajo el deseo por fundar un convento de monjas que tenía doña Magdalena, hija del conquistador. La iglesia, que empieza a construirse cuatro años más tarde es afectada, y en repetidas ocasiones: 1644 – 1764 – 1875, por fuertes movimientos subterráneos que la dejarían considerablemente perjudicada, obligándose a remodelaciones hasta el actual diseño que presenta. Este santuario, que no presenta aspecto colonial, sino más bien románico, es la actual catedral de Pamplona.

Las órdenes de San Agustín y San Francisco transitaban por los mismos senderos: Buscando fundar su convento en aprobación de la comunidad pamplonesa y las autoridades eclesiásticas correspondientes. Los franciscanos conocieron la generosidad de doña María Velasco y la Ermita al concedérseles el terreno adyacente a ésta, contando la ciudad con una casa de esta orden al igual que La Grita (Venezuela) y Ocaña; se toma posesión el tres de febrero de 1590.

Lentamente se perdieron las riquezas que durante miles de noches largas otorgaron  prestigio al territorio al acentuarse en una importante ruta comercial entre el Nuevo Reino de Granada y la Capitanía de Venezuela, aunque también por la explotación minera realizada desde 1551 hasta 1630, al igual que las tierras de maravillosa fertilidad y los yacimientos acuíferos en Montuosa y en Vetas que sólo llegaron a ser competidos por la provincia de Socorro, lo que contribuyó a que fuese considerado un eje político y administrativo importante para la corona española desde la época de la conquista. Inicialmente se agotaron los beneficios porque los encomenderos al tener la obligación, como todos los del nuevo mundo, en brindar protección y enseñar la doctrina eclesiástica a los indígenas; asumiendo, a modo, los gastos que ésta y el culto que la misma ocasionaran decidiendo acercar a la región religiosos que prestaran estos servicios, siendo los Dominicos los primeros en llegar a Pamplona, seguidos por los Franciscanos y los Agustinos.

 

Redacción.

 

Giselle Rivera Mantilla
Comunicadora Social y Periodista
Empresa Gil Yepes y CIA/ Cariongo Plaza Hotel

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